jueves, 16 de enero de 2025

El humilladero donde Cervantes dejó sus cadenas

  Cuando se llega a un sitio tras un largo viaje se agradece que haya paradas para poder descansar antes del destino.

  El Real Monasterio de Santa María de Guadalupe es un de los lugares más visitados por los peregrinos desde hace siglos por eso a su alrededor se crearon lugares para que pudieran realizar distintas actividades. Uno de estos sitios es la Ermita del Humilladero (su verdadero nombre es de la Santa Cruz) erigida a pocos kilómetros dela cacereña localidad de Guadalupe.

  El origen de este edificio está a finales del siglo XV cuando se erigió, siguiendo las pautas del templete que hay dentro del cenobio, para que los peregrinos pudieran rezar en él antes de llegar al monasterio. Se trata de un humilladero en el que se mezclan el gótico y el mudéjar por eso en su exterior se ven cuatro portadas, con arcos carpaneles y ojivales, que dan paso a un interior cuadrado donde se sitúa una cruz de granito que se cubre mediante una bóveda de crucería gótica pero hecha con ladrillo, muy común en el mudéjar. En la clave hay un escudo de Castilla rodeado por cuatro ángeles.

  Desde su constitución miles de personas han acudido hasta él para mostrar su devoción a María y quizá el más famoso fue Miguel de Cervantes ya que tras su cautiverio en Argel trajo aquí sus cadenas para ofrendarselas de la Virgen de Guadalupe.

  Actualmente presenta un gran estado y gracias a su arte es Monumento Nacional desde 1931 y Bien de Interés Cultural.





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