En tiempos de conquistas la religión era muy importante para que las nuevas poblaciones se unieran en torno a algo común.
Tras conquistar los territorios que estaban en manos musulmanas en ellos se empezaron a construir lugares para las comunidades cristianas. Un ejemplo de ello es el convento de Santa Clara de la mallorquina localidad de Palma.
En 1256 sor Catalina, abadesa del monasterio de las clarisas de Santa María de Tarragona, pidió al papa Alejandro IV permiso para fundar un nuevo cenobio de esta orden en Palma. El Santo Padre aceptó y envió una carta a los franciscanos mallorquines para que las ayudaran en todo lo que necesitaran. Un año más tarde las hermanas unos terrenos que tenían casas, baños y huerto más el uso de un acueducto para instalar allí el convento, estos pertenecían a Bernat de Santa Eugenia, ex lugarteniente del reino mallorquín, y a Ramón de Torrelles, obispo de Mallorca. Gracias a esto en 1260 comenzó la vida de las clarisas en Mallorca, siendo Catalina y Guillerma Berenguer las primeras monjas.
Así surgió un pequeño edificio que se fue reformando con el tiempo para adaptarse a las nuevas necesidades. Es por eso que en su exterior se puede ver una mezcla de los estilos góticos, renacentistas y barrocos, además de elementos como los portales de arco redondo, cegados, la casa de la familia Monzón. Esto se debe a que en las diversas ampliaciones absorbieron algunos edificios civiles.
En cuanto a su iglesia, la que se ve ahora es la tercera que se construyó. Esta data del siglo XVII y en su interior posee cuatro capillas a la izquierda de planta rectangular con cubierta de bóveda, y otras tantas a la derecha con plantas diversas y cubierta de cañón. La sala capitular es del siglo XVI y en los corredores del claustro están los sepulcros góticos de las abadesas.
El siglo XIX fue muy difícil para los conventos de España, por eso en este se acogieron a hermanas venidas de otras ciudades. Pero esto no palió su propia crisis la cual se acrecentó en 1836, es por ello que en 1850 pidieron ayuda a Isabel II, la reina las contesta en 1852 aceptando ayudarlas siempre y cuando se dedicasen a la beneficencia. Otro problema, esta vez económico, surgió en 1888 cuando tuvieron que pedir dinero al obispo para restaurar la sala capitular. Para 1890 se habían recuperado.
Actualmente el convento sigue regido por las clarisas y está declarado Bien de Interés Cultural de Baleares y Patrimonio Histórico de España.
Post Data: esta convento tiene una leyenda sobre el entierro de una joven, un intento de robo y una resurrección. Este relato lo escribí hace un tiempo.
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