martes, 21 de julio de 2026

La ermita que parece una iglesia

  Las iglesias pueden ir cambiando de estilo según pasan los años debido a las nuevas necesidades que le van surgiendo.

  Muchos antiguos monasterios han ido desapareciendo, pero de ellos se sigue manteniendo. Un ejemplo es la ermita de Santa Coloma ubicada en la guadalajareña localidad de Albendiego

  La primera vez que se nombra este lugar es en un documento de 1197 remitido por el obispo de Sigüenza, don Rodrigo, a los monjes canónigos regulares de San Agustín por el cual les eximía de pagar impuestos y les cedía un terreno. De ahí se deduce que ellos levantaron la iglesia a finales del siglo XII y que, según el arzobispo de Toledo Ximénez de Rada, formaba parte de un convento. Sin embargo, es poco probable que las obras se iniciaran antes del 1200.

  En esta primera etapa constructiva se utilizó el románico, pero por alguna causa quedó inacabada y hubo que esperar al siglo XV para culminarla en gótico tardío. Eso sí, en vez de tres naves se hizo una y los materiales más pobres.

  Así surge un exterior eminentemente románico, pero con una puerta gótica en el muro meridional. Esta es un vano rodeado por un arco carpanel decorado con motivos florales. 

  Su interior es una nave de planta de cruz latina con techumbre de madera mudéjar del siglo XVI que culmina en una cabecera triple. Se trata de un ábside central semicircular cubierto por bóvedas de cuatro nervios y rodeado por dos capillas laterales de testero recto y con cubiertas de bóvedas de cañón apuntadas sobre arcos fajones. 

  Actualmente la ermita es una auténtica joya del medievo guadalajareño, está catalogada como Bien de Interés Cultural y forma parte del conjunto monumental del románico rural de Guadalajara.
 


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