En las murallas había que abrir puertas, pero no únicamente para permitir el acceso también las había monumentales.
Si hay una muralla se necesitan accesos, pero estos también pueden servir como homenaje. Eso pasa con la puerta del Castillo del Puente o de Carlos V de la lucense localidad de Viveiro.
En septiembre de 1540 Viveiro sufrió un grave incendio que hizo que Carlos I emitiera una Real Cédula en la eximía al pueblo de pagar impuestos durante tres años para que pudieran recuperarse. Es ahí cuando surge la idea de crear una puerta en su honor, sin embargo a los pocos meses de empezar la obra esta se paraliza gasta que el 24 de abril de 1554 el corregidor, Andrés Carasa de Tordesillas, las reanuda. Su construcción fue llevada a cabo por Pedro Pedroso y culminó en 1548. Tras ello quedó totalmente integrada en la muralla, no en vano estaba sustituyendo a una puerta anterior.
Se trata de una puerta plateresca en forma de arco de medio punto rodeado por los escudos de armas de la localidad, sobre ellos el de Carlos I y se culmina con una cornisa horizontal con parapeto. En su interior hay una imagen de San Roque del siglo XVIII que sustituye a otra de la Virgen de los Desamparados.
Tras la desaparición de la muralla la puerta se quedó debido a su monumentalidad, pero esto no impidió que se usara como defensa contra las tropas napoleónicas cuando el 18 de febrero de 1809 atacaron la ciudad.
A pesar de su historia y belleza hubo quien quiso derribarla. Esto sucedió dos veces, una en 1856 a petición de la corporación municipal y otra tiempo después. Por suerte no se cumplieron las amenazas y aún sigue en pie.
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