De algunos castillos queda casi toda su arquitectura, pero de otros solo restos que apenas dejan atisbar su grandeza.
En nuestros días se pueden ver fortalezas en magníficas condiciones, pero de otras solo quedan restos. Un ejemplo es el castillo de la gerundense localidad de Peratallada.
La primera vez que se nombra este castillo es en 1065 y se explica que su nombre proviene del foso cavado en la roca que circunda la población (sale nombrado también como Petra Scissa o Petra Tallada). Ya en 1266 Guillema de Peratallada se casa con Gilabert de Cruïlles para unir dos grandes familias, pero a pesar de tener muchas posesiones pasaron grandes dificultades, aunque pudieron mantener la fortaleza.
El siglo XIV fue el de mayor esplendor para el castillo, llegando a alojar al rey Juan I de Aragón en 1390. Pero a partir de ahí empezó un declive que le llevó a su estado actual en el cual solo queda en pie la torre del homenaje, rodeada por un primer recinto de murallas.
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