Tantos años pasaron los romanos en Hispania que es lógico que haya un gran patrimonio llegado de ese tiempo.
Debido a los largos siglos que Roma estuvo en Hispania es lógico que haya patrimonio llegado de esa época. Un ejemplo es la Villa romana de la navarra localidad de Liédena.
En febrero de 1921 Nicanor Pérez de Obanos y Ángel Arina estaban realizando unas tareas agrícolas en las que hallaron un mosaico. Rápidamente avisaron a José de Oyaga, párroco y delegado de Patrimonio en Liédena, quien a su vez, se lo comunico a Arturo Campión, Presidente de la Comisión de Monumentos Históricos y Artísticos de Navarra. Al saberlo delegó el estudio del hallazgo a Julio Altadill para que evaluará su importancia y empezara la excavación (Luis Vázquez de Parga y Blas de Taracena la culminaron entre 1945 y 1947). Así surgió una villa rústica que se situaba en la calzada entre Pompelo y Cesaraugusta, esta situación ha dado la hipótesis de que realmente sea una mansio, es decir, un lugar de reposo para los viajeros.
De la excavación se deduce que hubo una primera fase constructiva entre los siglos I y II en la cual la villa se articulaba en torno a un peristilo con mosaicos decorativos abierto sobre un oecus o sala grande. Además poseía termas.
Este edificio posiblemente ardió en el siglo III y en el IV se inicia la segunda fase donde se rediseñaron los pavimentos de mosaico, se añadieron habitaciones, un nuevo patio de recreo con estanques, otras termas y un gran patio al este rodeado de estancias.
Esta villa es de suma importancia porque fue la primera en España objeto de excavación, estudio y publicación al completo, lo que la convirtió en referente para estudiar las halladas después.
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