Toda ciudad necesita una serie de infraestructuras para funcionar, entre ellas los camposantos donde inhumar los cuerpos de los fallecidos. Uno de ellos es el cementerio de Torrero de Zaragoza.
La historia de este lugar comienza en 1823 cuando el Ayuntamiento comienza las gestiones para construir un nuevo cementerio en el Monte de Torrero, en la margen derecha del Canal. Para ello pidió a las parroquias que pagaran una parte ya que cada una tendría un cuadro de sepulturas en propiedad, sin embargo, solo la de San Pablo lo hizo ya que el resto alegó falta de fondo.
El 30 de noviembre de 1832 comenzaron las obras llevadas a cabo por Bernardo Nobella. Como las arcas municipales estaban bastante precarias estas se demoraron hasta 1834, logrando que el 2 de julio lo bendijera el arzobispo de Zaragoza Bernardo Francés Caballero.
Ya en 1844 se hizo la calle central, en 1866 la primera manzana de nichos y el 6 de febrero de 1867 pasa a depender totalmente del Ayuntamiento. Ellos hicieron la primera ampliación entre los años 1935 y 1936, y una segunda en 1966 cuando ya se integraron los cementerios civil, musulmán, evangélico y alemán. A todo esto se le sumó, en 1974, un gran complejo funerario con tanatorio, deposito, crematorio y salas de distintas confesiones que le convierten en el cementerio más grande de Zaragoza.
A parte de todo esto, este camposanto fue el preferido de muchas familias ilustres para tener su lugar de descanso eterno. Gracias a esto se pueden ver esculturas y panteones que son auténticas obras de arte. Así destacan el Ángel de la oración del mausoleo de la familia de Matute-Pérez hecho en 1899 por Dionisio Lausén, autor también de la escultura del Silencio del sepulcro de la familia de Antonio Morón en 1904. También hay monumentos conmemorativos como el de la Fosa Común, al Altar Patrio, a los muertos por la libertad y la democracia o la Capilla de los Caídos y Torrero Natural (ahora es un centro expositivo para impulsar los valores medioambientales del recinto funerario).
Como buen camposanto también tiene sus leyendas como figuras fantasmales en las noches de invierno, destacando una mujer vestida de negro, ruidos, esculturas que se mueven o un ambiente extraño en el cementerio alemán.
Actualmente el cementerio sigue con su actividad y es uno de los favoritos para los amantes del arte funerario.
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