A veces los edificios cambian de función según van pasando los años, con esto se asegura que sigan en pie cuando cesaron su actividad.
Muchos fueron los cenobios que se levantaron en las ciudades para acoger a las comunidades religiosas que allí se establecieron. A veces algunas de ellas desaparecieron dejando el edificio vacío es ahí cuando se enfrenta a su destrucción o su conversión y esto último es lo que pasa con el convento de San José ubicado en Girona.
A finales del siglo XVI Jaume Caçador, obispo de Girona, pidió a la Orden de los Carmelitas Descalzos de la Santísima Virgen María del Monte Carmelo la instalación de una comunidad suya en la ciudad. Fray Joan de Jesús Roca atendió a esta petición y en 1591 llegarón los primeros descalzos quienes tomaron posesión de un nuevo convento que advocaron a san José. Además levantaron una capilla transitoria hasta la construcción de la nueva iglesia, la cual se levantó entre 1620 y 1631.
De esta manera se ve un conjunto conventual con un exterior bastante austero, siguiendo así los cánones arquitectónicos y organizativos de la orden. Su interior se organiza mediante un claustro de estilo renacentista y barroco muy sencillo.
La iglesia se sitúa en la primera planta y se accedía a ella mediante una escalinata (esta ya ha desaparecido y se ha sustituido por otea entrada. La antigua puerta ahora es el balcón principal del edificio). Ya dentro se ve una nave cubierta por una cúpula en el cruce de las naves con el crucero y tres capillas. Además tenía enterramientos en el suelo y la fachada oriental comunica con el claustro.
Desde su construcción su vida no fue fácil ya que fue dañado en 1694 y durante la guerra de la Independencia. En el Trienio Liberal (1820-1823) la comunidad fue expulsada y el edificio pasó a manos privadas. Una vez acabado este periodo los religiosos volvieron pero fueron expulsados definitivamente en 1835. Para evitar su deterioro en 1843 fue ocupado por oficinas de la administración y en 1861 lo tomó Hacienda (ellos quitaron la escalinata) hasta 1961 cuando toma su función actual.
Ahora el edificio está ocupado por el Arxiu Històric de Girona (Archivo Histórico) quien mantiene la construcción en perfecto estado.
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