Si los edificios cesan su funcionamiento es mejor darles una nueva oportunidad que dejarlos abandonados.
Cuando una construcción cesa su actividad es mejor encontrarle otea que dejarlo abandonado con el consiguiente deterioro. Esto es lo que hicieron con el convento de la Encarnación (Gizakundea komentua) ubicado en Bilbao.
El origen de este cenobio de dominicas, fundado por María Ortiz de Madariaga, empieza en 1499 cuando las mojas se instalan en un edificio de la actual calle Somera hasta la construcción de su sede definitiva. Estas obras, atribuidas a Fray Martín de Santiago, comienzan en 1515 gracias a las donaciones de familias adineradas de la villa y se hacen en varias fases. De 1515 a 1560 se levanta la iglesia cuya portada es de 1554, la espadaña se hace en 1690 y en 1965 se reforma todo.
Así se ve un conjunto formado por un claustro de dos alas construidas sujetas por galerías porticadas en planta baja de piedra de sillería, con arcos de medio punto. Sobre ellos hay dos plantas más que funcionaban como dependencias conventuales.
La iglesia se anexa al claustro por el lado de la Epístola y posee un exterior sobrio en el que destaca una portada de tipo hornacina. La parte baja es un arco triunfal de medio punto sobre el que se coloca un segundo nivel unas imágenes de la Anunciación, un óculo que ilumina el coro y un escudo de la orden. Todo se corona con la espadaña con las campanas.
Su interior es de una sola nave con crucero en forma de cruz latina inserta en un rectángulo. Esta acaba en un ábside rectangular oblonga de largo desarrollo ya que se compone de seis tramos. Se completa con un coro alto y capillas laterales, altas y bajas. Lamentablemente la reforma de 1965 desvirtuó este interior al derribar los muros de las capillas bajas transformándolas en dos naves laterales.
Actualmente este edificio ya no funciona como convento sino como Museo Diocesano de Arte Sacro. Además es Bien de Interés Cultural.
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