Toda ciudad tiene, al menos, una iglesia. Algunas son modestas y otras tienen unas dimensiones monumentales.
Muchas son las ciudades que cuentan con una catedral, pero esto no quiere decir que no tengan otros templos igual de monumentales. Eso pasa con la gaditana localidad de Jerez de la Frontera donde se halla la iglesia de San Miguel, la cual se podría confundir con su seo (la verdadera catedral jerezana es la de Nuestro Señor San Salvador).
En 1484 los reyes Isabel y Fernando hicieron una visita a Jerez, estando allí recibieron numerosas súplicas de los vecinos que pedían un nuevo templo ya que la ermita a la que iban se estaba quedando pequeña. Los monarcas aceptaron y ese mismo año comenzaron unas obras que demoraron varios siglos, lo que hace que en ella se conjuguen varios estilos. De esta manera se puede observar un templo que se mueve entre el gótico jerezano, el renacimiento y el barroco.
Su exterior presenta tres fachadas, dos de ellas góticas en la que destaca la Portada del Evangelio, y otra barroca levantada entre 1672 y 1701 por Diego Moreno Meléndez. Se trata de una torre-fachada en la que se hala la puerta principal, enmarcada por dobles columnas con hornacinas entre ellas. Sobre ella hay tres cuerpos más, siendo el último debplanta octogonal y rematado por un chapitel revestido por azulejos en azul y blanco.
Su interior presenta una base rectangular dividida en tres naves, la central más alta que las laterales, separadas por pilastras de estilo gótico florido. Además, tiene un crucero que no sobresale en planta pero sí en altura, bóvedas de crucería, capillas repletas de obras de arte y una sacristía.
Actualmente la iglesia sigue en funcionamiento, posee un gran estado y en 1931 fue declarada Monumento Histórico-Artístico Nacional, ahora Bien de Interés Cultural.
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