martes, 22 de julio de 2025

El castillo original de Albarracín

  Cuando alguien se hace con un lugar busca protegerlo a toda costa y las fortalezas son un elemento primordial.

  En el gran tablero de ajedrez en el que se convirtió la Península Ibérica durante la Edad Media la protección de los territorios era de suma importancia para que no los conquistara nadie. Por eso se crearon se crearon una serie de defensas como el alcázar de la turolense localidad de Albarracín

 Entre 1993 y 1995 Octavio Collado Villalba dirigió una gran intervención arqueológica en el castillo que se completó con otra de Antonio Hernández Pardos entre 2004 y 2006. Esto permitió saber que la fortaleza se construyó en el siglo X y estaba ligado a los Banú-Razín, la tribu bereber que dominaba la zona y que aportó el nombre al municipio. 
  
  Ya en el siglo XI se creó la Taifa de Albarracín y junto a ello la primitiva fortaleza se convirtió en la alcazaba donde vivían los soberanos. De esa época data un gran edificio con patio central que ejercía de vivienda y un hammam con una cámara inferior para la circulación del aire caliente, otra superior sostenida por pilarcillos, la sala de fuego y la letrina. Durante ese siglo, en su segunda mitad, también se erigieron tres viviendas palatinas, con patio central enlosado y andenes (la II, además, posee un pórtico con tres arcos), y una alhóndiga.

  En el siglo XII se modificaron las viviendas al cambiar los inquilinos, sobre todo cristianos aragoneses y navarros que llegaron a partir de 1170 cuando Albarracín es cedido a los Azagra. Ellos, y posteriormente los Lara mantuvieron el territorio independiente tanto de Castilla como de Aragón, creando, incluso, un obispado propio, pero en 1285 Pedro III de Aragón sitió la localidad y la conquistó. Fue él quien reconstruyó el alcázar y le añadió nuevos edificios de planta rectangular junto a la muralla oeste y sur.

  Su final llega tras su toma por parte de Felipe II porque tras ello fue expoliado quedando en una absoluta ruina. Aún así se pueden distinguir tres zonas en la parte alta: la residencia principal, el edificio oriental y el recinto interior. En la ladera sureste dos; el complejo palatino y los barracones militares.

  Actualmente el yacimiento arqueológico está restaurado y es visitable, aunque gran parte de su ajuar se reparte entre el Museo de Teruel y el Museo de Albarracín. Además cuenta con la categoría de Bien de Interés Cultural.



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