Conventos se pueden encontrar en multitud de ciudades gracias a la gran cantidad de comunidades religiosas que había.
Los edificios religiosos suelen tener una historia ajustada a la realidad y otra que le da un toque más épico, aunque esa parte también puede ser veraz. Eso pasa con el convento de San Francisco de Asís del navarro municipio de Sangüesa.
Según la tradición, cuando san Francisco regresó de su peregrinación a Santiago de Compostela en 1213 paró en Sangüesa la Vieja, ahora Rocaforte, para establecer allí una comunidad franciscana que viviría en un eremitorio en la iglesia de San Bartolomé.
Tiempo más tarde el rey Teobaldo II de Navarra funda Sangüesa la Nueva y acoge a unos frailes que vivían allí en 1250. Además decide erigir una iglesia, según una lapida fue el 18 de octubre de 1266, que posteriormente se convertiría en el convento actual.
Así se ve un templo gótico en cuyo exterior hay una portada en forma de arco apuntado abocinado por cuatro arquivoltas y baquetones. Su interior es de una sola nave con cabecera recta y bóveda estrellada del siglo XVI.
El claustro es gótico del siglo XIV y tiene planta rectangular, casi cuadrada, con sesenta y cuatro arcos apuntados.
Tras su fundación este edificio ha vivido hechos históricos como las Cortes Generales del Reino entre 1530 y 1551, su conversión en cuartel en la Guerra de Independencia o la expulsión de los franciscanos tras la desamortización de 1835. Esto mantuvo el edificio laico hasta la vuelta de los religiosos en 1898, pero esta vez fueron los Padres Capuchinos, quienes aún siguen ahí.
Actualmente el convento presenta un gran estado, es Bien de Interés Cultural y desde la ampliación de 2015 forma parte del conjunto Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO "Caminos de Santiago de Compostela: Camino francés y Caminos del Norte de España".
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