El legado dejado por Roma en la Península es muy extenso debido a los siglos que estuvieron por estas tierras.
La Colonia Iulia Avgusta Emerita, es decir, Mérida fue durante mucho tiempo la ciudad romana más importante de Hispania, por eso es lógico que en ella haya un gran patrimonio llegado de esa época. Un ejemplo claro es el Templo de Diana.
El origen de este edificio está en el siglo I, seguramente siendo Augusto aún emperador, cuando fue erigido en lo que fue en el Foro de la Colonia, muy cerca del cruce entre el cardo y el decumano en un lugar sagrado llamado Temenos, para ser un Templo de Culto Imperial (su atribución a Diana la hizo Bernabé Moreno de Vargas en el siglo XVII, pero excavaciones posteriores cambiaron su percepción). Debido a su ubicación estaba rodeado de importantes edificios públicos, pero este fue el principal punto de reunión de los ciudadanos, lugar de vida política y sitio donde se administraba justicia, se hacían transacciones financieras y mercantiles y se ofrecían sacrificios en honor de los dioses.
En cuanto a su construcción, se trata de un templo de granito levantado sobre un alto podio. De ahí parte una columnata que rodeaba todo el edificio. Este era de planta rectangular, tenía suelos de mármol, dos estanques que flanqueaban al edificio y una tribuna pública donde las autoridades se dirigían al pueblo.
Ya en el siglo XVI Alonso Mexía, caballero de la Orden de Santiago y Conde de los Corbos, decidió utilizar su cella para construir en ella un palacio renacentista donde establecería su hogar. Para ello reutilizó parte de los materiales romanos y conservó otros. De este palacio solo queda una parte que es utilizada como centro de interpretación del templo.
Actualmente el templo conserva un buen estado, es uno de los lugares utilizados para Emérita Lvdica, es Bien de interés cultural y desde 1993 forma parte del conjunto Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO: "Conjunto arqueológico de Mérida".
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