martes, 10 de marzo de 2026

La iglesia surgida de la batalla del Salado

  Crear un edificio religioso tras una promesa es bastante habitual y la gran mayoría de ellos siguen con la misma función.

  Durante Edad Media construir un edificio religioso para agradecer una victoria era bastante habitual. Gracias a esto tenemos lugares como la Real Colegiata de San Hipólito de Córdoba.

  El lunes 30 de octubre de 1340 las tropas del rey Alfonso XI de Castilla junto a las de Alfonso IV de Portugal derrotaron decisivamente a los benimerines en la batalla del Salado (Arroyo del Salado, Tarifa. Cádiz). En agradecimiento a esto el monarca castellano decidió fundar un monasterio en Córdoba que también sirviera como panteón real. Pues bien, esta colegiata era su iglesia.

  Fue en 1347 cuando el papa Clemente VI la ascendió a colegiata para que pudieran ser celebrados los oficios en memoria de los reyes difuntos con la solemnidad adecuada. Por ese tiempo las obras de la iglesia avanzaban muy lentas eso causó que durante los reinados de Alfonso XI y de Pedro I solo se realizaron la cabecera y el crucero, quedando inconclusa hasta que en 1729 Felipe V retoma la construcción, finalizándola en 1736.

  Así surgió una iglesia en la que se mezcla el gótico de sus primeros años con el barroco de su terminación. Juan de Aguilar, con probable traza de Tomás Jerónimo Pedrajas, fue el encargado de llevar a cabo las obras principales, Pedro de Lara erigió la torre en 1773 y durante el siglo XIX se añadieron las últimas dependencias.

  Pese a haber tardado tantos siglos en culminar la obra la iglesia sí funcionó como panteón real pues en su interior se hallan los sepulcros de los reyes de Castilla Fernando IV y Alfonso XI. También es curioso que aunque se siga llamando colegiata perdió el rango en 1852.

  Actualmente la iglesia está regida por los jesuitas y está catalogada como Bien de Interés Cultural desde 2008.



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