La educación es de suma importancia para que las sociedades avancen por eso había que crear lugares para ello.
En siglos pasados la educación era bastante prohibitiva para cierta parte de la población, y se trataba de mujeres peor, es por eso que hubo gente que quiso crear lugares para paliar parte de esta situación. Un ejemplo es el Colegio de Huérfanas Recoletas o de Santa Catalina de Alejandría de Oviedo.
Todo parte en 1568 cuando Fernando de Valdés Salas deja escrito en su testamento que quiere fundar un colegio para niñas huérfanas, pero no solo para enseñarlas religión, coser o hilar, también quería que aprendieran a leer, escribir, contar y otros ejercicios considerados virtuosos. Para ello nombró Patrono del mismo al rector y claustro de la Universidad de Oviedo.
Aunque el testamento se fechó en 1568 los primeros estatutos no se elaboraron hasta 1676. En ellos se recogía que las niñas estarían desde los siete a los quince años, debía haber una maestra que además ejerciera de directora y administradora, un sacerdote, una criada, un médico y un portero.
Para su ubicación se escogió un edificio plateresco diseñado por Juan del Rivero. Este contaba con una fachada de dos cuerpos, siendo el inferior el que acoge la puerta de acceso en forma de arco carpanel de gran dovelaje. El interior articula en tono a un jardín. Además contaba con botica y se anexionó una antigua capilla dedicada a San Sebastián (desaparecida en 1934).
El colegio funcionó durante siglos hasta que en siglo XX se convirtió en el rectorado de la Universidad de Oviedo.
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