En España se pueden ver castillos en muy buenas condiciones, pero de otros solamente queda algunos restos.
En España se conservan castillos en muy buenas condiciones, pero de otros solo quedan restos. Un ejemplo de esto es el castillo de Quermançó ubicado muy cerca de la gerundense localidad de Vilajuïga.
La primera vez que se nombra esta fortaleza es en 1078 en el testamento de Ponç I, conde de Empúries. Su sucesor, Ponç Hug II, lo usó para enfrentarse al conde de Besalú, al obispo de Girona, al vizconde de Peralada y otros vecinos. Esto hizo que el conde de Barcelona, Ramón Berenguer III, lo sitiara y encerrara en él a Ponç. Pero no aprendió y diez años más tarde hizo, siendo de nuevo derrotado, esta vez por Ramon Berenguer IV, quien ordenó destruir la fortaleza, pero no se hizo.
En el siglo XIII el castillo, gracias a su situación, jugó un papel clave en la guerra contra los franceses, resistiendo un ataque en 1285, aunque fue destruido en 1288. En 1292 Jaime II de Aragón lo reconstruye y militariza.
Durante la guerra civil catalana de 1472 en él se alojan las tropas del rey Juan II de Aragón, pero al terminar la contienda lo sumen en un abandono hasta que lo toman las tropas napoleónicas en 1808 para usarlo como almacén de armas y municiones. Esta fue su desgracia ya que en 1814 el mariscal Louis Gabriel Suchet lo manda volar antes de irse.
Es por esto que ahora apenas se pueden ver unos restos que solo permiten atisbar parte de como era en su época de esplendor.
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