Algunos edificios religiosos llegan a nuestros días en unas condiciones óptimas, pero de otros apenas quedan restos.
Una gran cantidad de edificios religiosos medievales han llegado a la época actual en muy buenas condiciones, pero de otros apenas quedan restos. Esto pasa con el mosteiro de Santa María ubicado en la ourensana localidad de Melón.
En 1142 el rey Alfonso VII de León le donó a la Orden del Císter un gran coto formado por varias poblaciones para que hermanos cistercenses fundaran un convenio como el que tenían en Clairvaux, sin embargo, hay fuentes que la donación la hizo la condesa Fruela Fernández en 1158.
Tras su creación el cenobio creció mucho y su poder también, eso hizo que en ocasiones ejercieran mal este poderío ejerciendo una gran presión sobre la población local, abusando y arruinándolos a impuestos. Así fue hasta el siglo XV cuando los señores feudales los relegaron, obligando a que el XVI se unieran a la Congregación de Castilla.
Esta nueva vida perduró hasta la exclaustración de los hermanos en la desamortización de Mendizabal de 1835. El monasterio quedó abandonado y parte de sus piedras utilizadas en otras construcciones. Solo se salvó la iglesia aunque muy mutilada.
Es por eso que ahora se ve un templo de planta de cruz latina con dos capillas en su ábside y una girola con grandes columnas, junto a la que hay restos de las antiguas dependencias monacales.
En 2008 se hizo restauración para salvar lo que quedaba, es por eso que se puede ver parte de la grandeza que tuvo en su día. Además es Bien de Interés Cultural.
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