La burguesía gustaba de construirse palacios que sirvieran tanto como hogar como para demostrar parte de su poder.
A finales del siglo XIX la asturiana localidad de Avilés estaba experimentado un gran crecimiento que hizo que la burguesía levantara palacetes como hogar. Un ejemplo es el Palacio de Maqua.
La construcción de este edificio se sitúa entre finales del siglo XIX y principios del XX cuando fue ordenado por la familia Maqua, en concreto por los hermanos Julián y Benito, para serviles como casa cercana a la de sus padres. Así surgió una construcción ecléctica de tres pisos, en cuyo exterior destacan los miradores neogóticos del tercer nivel. Su interior se organiza a través de un patio central.
El palacio fue restaurado en 1983 y en 1997 y actualmente funciona como espacio para el emprendimiento, la innovación y las nuevas tecnologías, además es Bien de Interés Cultural.
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