Toda ciudad tiene lugares religiosos donde a veces se retiran personas a pasar tiempo de oración y de retiro espiritual.
Las ciudades de un cierto tamaño suelen tener una gran cantidad de edificios religiosos para dar cobertura a todos sus ciudadanos. Esto pasa en la madrileña Alcalá de Henares donde hay muchos ejemplos de este tipo de lugares y uno de ellos es el oratorio de San Felipe Neri.
El origen de este templo está en 1694 cuando Martín Bonilla y Echevarría, obispo de Ceuta, la Congregación del Oratorio de San Felipe Neri de Alcalá de Henares siguiendo el ejemplo del propio san Felipe cuando la creó en Roma en el siglo XVI y que se oficializó en 1575 por la bula Copiosus in misericordia Deus, de Gregorio XIII. Sin embargo, las obras, llevadas a cabo por Bartolomé Oñoro, y Manuel Crespo, del nuevo edificio no comenzaron hasta el siglo XVIII terminándose la iglesia en 1704 y el convento en 1714, esto supuso que su fundador no pudiera verlo ya que murió en 1794 y actualmente descansa a los pies del altar mayor de la iglesia, justo al lado de la condesa de Alba de Liste.
Lo que aquí se observa es un edificio de ladrillo cuyo exterior sigue las trazas barrocas tardías aunque es carente de decoración, salvo un nicho con una estatua de San Felipe. De ahí se pasa a un iglesia de una única nave con planta de salón cubierta mediante una bóveda de cañón y una cúpula elíptica sobre el altar. A su lado se halla el edificio del convento el cual es muy sencillo ya que se hizo para albergar las dependencias organizadas por un claustro.
La vida de este oratorio fue muy tranquila hasta la llegada de las tropas napoleónicas ya que en 1811 lo saquearon prendieron fuego, perdiéndose un retablo, obra de Tomás de Busto, y convirtieron el convento en granero. Tras ello los monjes lo recuperaron y consiguieron ser el único monasterio masculino de la ciudad que no fue enclaustrado durante la desamortización de 1835.
Su siguiente contratiempo llegó en 1936 y es que en la Guerra Civil lo tuvieron que abandonar, convirtiéndose la iglesia en almacén de material militar, y el sótano en una checa. Ya el 1 de noviembre de 1942 lo recuperaron y en 1969 el padre Ángel Alba fundó en él el Colegio San Felipe Neri.
Actualmente sigue funcionando como escuela, pero también guarda un Museo de arte sacro en el que se conserva una gran colección de pintura barroca con obras como una Inmaculada de Antonio de Pereda, un san Bruno de Vicente Carducho o una Santa Teresa de Juan Delgado. Además su biblioteca atesora más de 8.000 volúmenes. Todo esto, y que fuera lugar de retiro espiritual para Miguel de Unamuno entre 1888 y 1889, han hecho de él un lugar de una gran importancia histórica por ello es Bien de Interés Cultural.
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