Muchos conventos siguen estando en muy buenas condiciones pero de otros solo quedan restos de lo que fueron.
Debido a la gran cantidad de religiosos que vivían en las ciudades en ellas se pueden encontrar muchos edificios donde residían. En muchas ocasiones estos aún presentan un gran estado pero de otro solo quedan restos y eso sucede con las ruinas de Santo Domingo ubicadas en Pontevedra capital.
En 1282 llegaron a Pontevedra varios integrantes de la orden de predicadores, es decir, dominícos para instalarse en A Moureira, el barrio de los pescadores que estaba en extramuros. Allí fundaron un convento en el que solo estuvieron hasta 1285 cuando se trasladaron a su ubicación definitiva. Sin embargo, hasta 1383 no se comenzaron las obras del nuevo cenobio, las cuales se alargaron durante el siglo XV.
La vida de este lugar fue placida hasta octubre de 1719 cuando el general Sir Philip Honywood toma Vigo y Pontevedra en el contexto de la guerra de la Cuádruple Alianza, ya que los británicos decidieron incendiar el convento y la iglesia. Es por eso que a finales de siglo se intenta su reconstrucción en estilo neoclásico pero la falta de dinero la frenó y la desamortización de Mendizábal de 1835 la suspendió.
Aquí comenzó su andadura como edificio municipal al pasar a disposición del Ayuntamiento tras dárselo la Junta de Enajenación de Edificios y Efectos de los Conventos Suprimidos de la Provincia de Pontevedra. El Concejo, entonces, lo usó como cárcel de mujeres, un hospicio hasta 1869, una escuela de párvulos, así como otras funciones designadas por el Ayuntamiento. Pero esto no frenó su deterioro algo que, sumado a varios derribo como el de la iglesia, le ha llevado a su estado actual.
En pie queda la cabecera gótica de la iglesia, formada por cinco ábsides poligonales cubiertos con bóveda de crucería, el muro sur del transepto con su hastial reconstruido en el siglo XX, y la arquería de ingreso a la ya desaparecida sala capitular.
Ahora estos restos forman parte del Museo Provincial de Pontevedra y en su interior se pueden ver, aparte de su decoración escultórica y de escudos heráldica, una colección de sarcófagos en la que destacan el del caballero Tristán de Montenegro y los de Diego Álvarez de Soutomaior y María Álvarez Gómez.
Todo esto hace que sea un lugar de suma importancia histórico-artîstica, por eso es Monumento Nacional desde 1895.
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