En 2006 Ildefonso Falcones publicó la novela "La catedral del mar" en la que inmortalizó por siempre la Basílica de Santa Maria del Mar (popularmente conocida como la catedral de la Ribera) de Barcelona, una iglesia que está profundamente unida al pueblo.
En el siglo XIV el barrio de la Ribera se estaba convirtiendo en uno de los más dinámicos y poblados de la Ciudad Condal, esto hizo que la parroquia románica de Santa Maria de las Arenas (con anterioridad hubo una necrópolis paleocristiana con un centenar de enterramientos de entre los siglos IV y VI. Está debajo del altar y se descubrió en unas excavaciones previas a la construcción de la nueva cripta en la década de los 60 del siglo XX) se hubiera quedado pequeña. Es entonces cuando las autoridades eclesiásticas junto a los ciudadanos auspiciaron la construcción de una sustituta, siendo Berenguer de Montagut y Ramon Despuig sus maestros de obra. La primera piedra se coloca en 1329 y concluye en 1384, solamente se tardó cincuenta y cinco años, toda una proeza para la Edad Media. Esto se debe a que el pueblo (carpinteros, vidrieros...) participó activamente en su construcción, especialmente los galafates de la Ribera o bastaixos que transportaban las piedras una a una cargandolas en la espalda desde la cantera real de Montjuic y desde las playas. Además también obtuvo donaciones de los prohombres del barrio y del propio rey Pedro III de Aragón.
Así surgió una iglesia de estilo gótico catalán puro cuya fachada principal se decora con las imágenes de San Pedro y San Pablo y sobre ellas un rosetón gótico flamígero del siglo XV. Aquí está la puerta donde se homenajea a los bastaixos.
Su interior se forma por tres naves, con deambulatorio y sin crucero. Cada nave tiene cuatro tramos y el presbiterio consta de medio tramo y un polígono de siete lados, todo cubierto por una bóveda de crucería y se coronado con llaves de bóveda. Aunque tenga esas tres naves su maestro quiso dar sensación de que solo hubiera una, por eso los pilares están separados por unos quince metros y el alzado es igual para las tres. Todo se completa por treinta y tres capillas.
A lo largo de su historia ha ido sufriendo cambios como cuando el virrey Jorge de Hesse-Darmstadt ordenó construir un pasadizo elevado que unía el palacio virreinal con la iglesia (ya no existe ni el palacio ni el pasadizo) creando la Tribuna Real. También ha visto acontecimientos como la boda del archiduque Carlos de Austria e Isabel Cristina de Brunswick-Wolfenbüttel el 1 de agosto de 1708 o su conversión en basílica menor por el papa Pío XI en 1923. Pero sin duda su mayor cambio y además desgracia acaeció entre el 3 y 4 de agosto de 1936 cuando fue deliberadamente incendiada, perdiéndose una porción del altar barroco (creado en 1783 por el arquitecto Deodat Casanovas y del escultor Salvador Gurrí), algunos de los vitrales, muchos elementos del mobiliario y una gran parte de los archivos. Desde entonces hubo que hacerle numerosas intervenciones.
Actualmente la basílica presenta un gran estado y está catalogada como Bien de Interés Cultural y Bien Cultural de Interés Nacional.
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