Muchos edificios han ido cambiando de función a lo largo de los siglos para adaptarse a los nuevos tiempos.
Edificios para albergar a comunidades religiosas se levantaron por miles en España debido a la gran cantidad que de estas había. Con el tiempo el número de las comunidades descendió haciendo que ya no fueran necesarios tantas construcciones, por eso muchas desaparecieron o se transformaron. Esto último pasó con el monasterio de San Salvador ubicado en el ourensano municipio de Celanova.
En el año 936 Rosendo Gutiérrez, obispo de Dume-Braga y futuro santo, le pidió a su hermano Froila que le cediera unas tierras que había obtenido el año anterior para poder levantar sobre ellas un nuevo monasterio, este accedió y recibió la donación, aunque fue firmada por su madre, Ilduara Ériz.
En un principio el cenobio se ligó al de Santo Estevo de Ribas de Sil para que estos aportaran los primeros hermanos que habitarían el edificio, entre ellos Fránquila como primer abad. El propio Rosendo ocupó este puesto desde la muerte de Fránquila en el 959 hasta la suya en el 977.
Ya en el siglo XII adoptó la regla de San Benito y empezó un litigio para mantener su independencia de la diócesis de Ourense, pero en 1221 se integra en ella a condición de mantener la jurisdicción sobre varias parroquias. Es a partir de aquí cuando la monarquía empieza a apoyarlo consiguiendo varios prioratos dependientes (Santa Comba de Bande, San Pedro de Rocas, San Salvador de Coruxo, San Pedro de la Nave, Santa Comba de Naves, entre otros) y un gran patrimonio. Su independencia acaba en 1506 cuando se incorpora a la Congregación de San Benito de Valladolid, aunque esto le supuso un gran impulso (fue uno de los monasterios que Carlos I tuvo en consideración para retirarse antes de elegir Yuste).
Gracias a esto se sustituye la antigua iglesia medieval, de tres ábsides dedicados a san Salvador, san Pedro y san Juan apóstol, por la actual iglesia de San Rosendo erigida por Melchor de Velasco Agüero entre 1661 y 1687 en estilo barroco con un interior de planta de cruz latina, con tres naves de tres tramos o crujías más una transversal para formar el crucero. También se crea el claustro Reglar o de las procesiones en el que se mezcla el renacimiento en su piso inferior, obra de Juan de Badajoz, con el barroco del superior, atribuido a a Fray Plácido Iglesias. Se haya también el claustro del Poleiro o percha levantado entre 1611 y 1722 en estilo neoclásico.
Todo se completa con la capilla de San Miguel Arcángel (románica del siglo X. En otra entrada la describiré) y las dependencias monacales.
La vida de la comunidad continuó hasta la desamortización de Mendizábal cuando los monjes fueron enclaustrados y edificio abandonado. Ahí se hizo el Concejo con él y le dio usos públicos y una parte fue escuela de los Escolapios hasta 1929. Luego, durante la Guerra Civil, fue utilizado como prisión por el bando sublevado.
Actualmente, salvo la iglesia que sigue funcionando como tal, está ocupado por dependencias municipales y regionales. Además es Bien de Interés Cultural y su restauración le valió el premio Europa Nostra.
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