Hasta las ciudades pequeñas poseen varias iglesias para dar culto a los vecinos que allí viven o a quien va de visita.
Ceuta no es una ciudad excesivamente grande, pero sí lo suficiente para necesitar varios templos que den culto a toda su población. Uno de ellos es la iglesia de San Francisco.
En 1420 llegó a Ceuta una comunidad franciscana que se instaló en la antigua madraza islámica donde crearon un convento en honor al apóstol Santiago, que en 1568 cedieron a la Orden Trinitaria. Cuando los franciscanos regresaron en 1677 ocupan la Ermita del Valle hasta 1679 cuando crean un nuevo convento, aunque su iglesia, advocada a la Santa Cruz, no se construyó hasta 1712, concluyendo en 1723. Ese edificio es el que ahora se ve.
Su exterior, hecho con piedra de la región y ladrillo macizo, con cubiertas a dos tejas, cuenta con una puerta en arco de medio punto flanqueado por pilastras toscanas. Encima se halla una hornacina con un escudo con cruz con el lema "IHS" y un corazón atravesado por clavos, y culmina con una inscripción que dice "SOLI DEO HONOR ET GLORIA 1.712". Todo se completa con dos torres campanario, estas fueron creadas por el arquitecto municipal José Antón García en la década de los 40 del siglo XX en sustitución de las espadañas originales.
Su interior es de planta rectangular con tres naves de cinco tramos, más crucero y presbiterio rectangular.
Del resto de su historia se sabe que durante la desamortizaciones del siglo XIX el convento desaparece quedando únicamente la iglesia, aunque en pésimo estado. Esto se solucionó cuando el Deán Eugenio McCrohon se la entregó a los agustinos, representados por los padres José Pérez Gómez y Saturnino de la Torre, el 30 de junio de 1914. Ellos comenzaron la reforma en 1919 la cual la dejó con el aspecto actual.
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